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Asociación Técnica de Diarios Latinoamericanos

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Boletín Semanal mayo 29, 2020

En la vecina Francia y en otros muchos países europeos, los medios de comunicación, afectados por una crisis sin final a la vista, se benefician de la ayuda pública en forma de subsidios directos o indirectos. Alemania era hasta ahora una excepción, pues los editores temían que las ayudas menoscabasen su independencia. Mathias Döpfner, el todopoderoso patrón de Axel Springer, había declarado: "todavía prefiero las quiebras de los periódicos a la compra de su independencia por medio de subsidios". Ahora, esta tendencia histórica se ha quebrado. El presupuesto de 2020, aprobado por el Bundestag el pasado 29 de noviembre, incluye una partida inédita de 40 millones de euros en ayudas a la prensa. En España, parece no importar a los sucesivos gobiernos la abrupta caída sin final de los medios de comunicación, que empobrece los medios de que dispone la opinión pública para tomar decisiones bien fundamentadas en información plural y veraz. Así no va.

En Alemania, como sucede en la mayor parte de los países occidentales, las tiradas y las cuentas de resultados de la prensa diaria o revistas se achican sin encontrar suelo. El número y las tiradas de los diarios vendidos se ha reducido a la mitad entre 1991 y 2019. Este año que finaliza, el número de ejemplares diarios vendidos se quedará en 13,5 millones, mientras que los costes de personal y distribución se disparan. Solo el coste logístico para hacer llegar los diarios a sus abonados asciende a 1.300 millones de euros. Las ayudas alemanas intentan asegurar la diversidad de la información en las regiones rurales y procurar un apoyo a los editores en su imprescindible transición al mundo digital.

Francia es tal vez el país europeo que desde hace más tiempo y de manera más acusada, ayuda a sus medios de comunicación. Las ayudas directas a la prensa han ido aumentando hasta más de 262 millones de euros. El organismo que agrupa a los sindicatos del ramo, la Alianza de la Prensa de Información General (APIG), ha propuesto una serie de medidas adicionales, ante la perspectiva de que la rentabilidad de los editores "se acabará de desmoronar dentro de los próximos cinco años". Esperan una pérdida de 300 a 400 millones de euros desde ahora hasta 2023, según recoge "Le Monde".

En España estamos a la cola de esta tendencia cada vez más generalizada. Tenemos la gran oportunidad del idioma común con cerca de 600 millones de hispanohablantes. El diario "El País" es líder en audiencia en la información general, seguido de cerca por "El Mundo". Pero sus cuentas de resultados van a la deriva y sus lectores en papel se achican año tras año sin encontrar suelo. Cargan con un abultado IVA, la publicidad institucional es paupérrima e injusta, los gastos de distribución se multiplican, etc. ¿No importa la calidad y diversidad de la información, clave para una política de la opinión pública bien informada, que marca el nivel de una democracia? Esa democracia que está sufriendo una peligroso deterioro, sin Gobierno estable, con vaivenes abruptos, peligros territoriales muy acuciantes, que la prensa y la televisión reflejan ante una atónita opinión pública, ¿no merecería un cuadro bien diseñado de ayudas e incentivos? Estamos tirando al bebé con el agua del baño.